Cadmo, el eterno errante, acompañado por su fiel amigo.
"Aún cantan las musas la trágica historia de Cadmo y su fiel acompañante, Alkaios. Nacidos del dolor y la sangre, castigados por Ares, vigilados por un águila en llamas”.
¿Pero quién es nuestro rebelde tebano y cuál es su trágica historia?
Objetos elegidos:
Estatua de guerrero montando a caballo y portando una espada (es el propio Cadmo, guerrero unido a su fiel amigo de batalla, su caballo de guerra, Alkaios).
Estatua de águila (eterno vigilante de Cadmo y Alkaios).
Humo de la vela apagada (inspiración tanto para Cadmo como para su caballo, que están hechos y unidos por el humo, como castigo divino).
Simbolismo: ¿Por qué estos objetos?
El guerrero, suele simbolizar disciplina, lealtad y honor, así como en muchas historias se nos presenta la lucha interna que debe superar, pasando a actuar como un rebelde que deja de acatar las ordenes y se guía por sus impulsos (cosa que hará Cadmo).
El humo representa lo que no se puede tocar, pero se siente, como un espíritu. Además, las señales de humo suelen ser una advertencia, así como también indican la presencia de fuego (en este caso el fuego es la presencia de otra posible guerra, simbolizada por el águila en llamas).
El caballo simboliza fuerza, poder y libertad. También es considerado como una representación de la lealtad e incluso hay quienes lo asocian a un vínculo entre el cuerpo y el espíritu. Todas estas cualidades son perfectas para Alkaios, un fiel amigo y compañero de guerra de Cadmo, pues no es casual que ambos hayan pagado el mismo castigo, convertidos en un mismo ser.
El águila es un símbolo de poder, control y realeza. En la mitología romana y griega, solía acompañar a los dioses, representando la autoridad divina. También suele simbolizar sabiduría, percepción y vigilancia, por no decir que en algunas culturas actúa como intermediario entre los dioses y los humanos. En este caso, encarna la mirada divina y temida de Ares, quien vigila eternamente a Cadmo. Y también representa, metafóricamente, la llama de la guerra que nunca se apaga.
Trasfondo:
Cadmo fue un soldado de caballería tebano, valiente y respetado, que luchó en todas las guerras iniciadas por el mismísimo dios de la guerra, Ares. Nunca negó una batalla, hasta que un día, en una de las campañas Ares le encomendó la difícil tarea de acabar con Cinisca, la madre del futuro heredero al trono de Esparta. Para Cadmo esto suponía un problema, pues amaba en secreto a Cinisca, pero su conciencia ya le había convencido de que un amor entre polis tan enfrentadas como la de Esparta y Tebas era imposible, y más siendo Cinisca la mujer del rey de Esparta, Leónidas.
Por ello, Cadmo tuvo una idea un tanto rebelde: aceptaría la guerra y con la oportunidad mataría a Leónidas en su lugar, traicionando al dios de la guerra.
Así, secundó su plan, desviándose en su camino el día de la guerra. Cadmo lo tenía todo planeado, la suerte estaba de su parte y Alkaios, su caballo de guerra y mejor amigo, galopaba con más velocidad y fuerza que nunca. Hasta que… Cadmo, muy próximo a Leónidas, cayó en su trampa, quien clavó su lanza en el vientre de Alkaios, cayendo al suelo y con él, el propio Cadmo. Después, nada más abrir los ojos, recibió un corte en el cuello por el propio rey de Esparta, cerrando ahora Cadmo los ojos por última vez.
Enfurecido, Ares descendió de los cielos y aterrizó en pleno campo de batalla, frente a él, envuelto en fuego y humo, para resucitarle y sentenciarlo:
"Cadmo, me has decepcionado y me siento traicionado. Parece ser que tú y tu caballo sabéis más que el señor de la guerra. Volveréis a la vida, pero condenados… ¡Ahora seréis uno solo! Y como tanto despreciáis la guerra, ¡seréis su sombra!"
El cuerpo de Cadmo empezó a envolverse en fuego, después en cenizas y finalmente en humo, fusionándose con el de Alkaios, que también pasó por este mismo proceso.
Ares también agregó:
"¡Y para comprobar que no me volváis a traicionar, seréis eternamente vigilados por el ojo de la ira!"
Ares se arrancó uno de sus ojos y lo transformó en un águila de fuego, al que llamó Prosechtikós y encomendó la tarea de vigilar eternamente a Cadmo y a su caballo Alkaios, a quienes obligó a luchar en todas las futuras batallas, acatando las ordenes del dios y observando la crudeza eterna de la guerra, pues si huían, Prosechtikós lanzaría una bocanada de fuego que le avisaría a Ares de que tendría que iniciar otra guerra como castigo.
Estos dos pobres guerreros se habían convertido en los sirvientes eternos de Ares, los esclavos de la guerra.
Motivaciones:
Cadmo, en un inicio, buscaba liberarse del castigo de Ares. Con el tiempo, entendió que esto sería imposible y que en el fondo no deseaba volver a ser humano, sino que lo que ansiaba era encontrar la forma de que no murieran tantos inocentes por su culpa. Por eso mismo decide que su motivación será ser un héroe para los jóvenes guerreros. Con cada batalla, intentará redimir su error, ayudando a los guerreros que han perdido su rumbo.
Arco narrativo:
Su arco de héroe comienza cuando descubre su nueva motivación: ayudar a los jóvenes guerreros en las luchas llevadas por Ares. Su objetivo es aconsejar a los más jóvenes guerreros en la batalla, ayudándoles a acabar lo más rápido posible con la guerra.
Con el tiempo, se da cuenta de que por más cortas que sean las guerras, también estaba volviendo a caer en sus deseos de apoyo a sus compatriotas tebanos. Esto le hace descubrir que sus impulsos son egoístas e impulsivos, lo que le lleva a disculparse frente a Ares.
Ares le escucha, pero le pone otro desafío: tendrá una única oportunidad de redención, con la que Alkaios y él podrán volver a ser dos seres independientes, volviendo a la vida de forma corriente, como si no hubiera sucedido ningún castigo. Pero el precio a pagar será la muerte de un joven espartano (concretamente, el rey de Esparta, hijo de Leónidas y Cinisca). Esta idea perturba a Alkaios, quien aconseja a Cadmo no hacer nada, pero Cadmo no rechaza el trato, pues la vida de un solo espartano podría acabar con las incesantes guerras.
Un día, el joven rey de Esparta, conociendo la fiabilidad de la guía protectora y estratega de Cadmo, le invoca en búsqueda de gloria para su próxima batalla. Cadmo debe decidir si lo conduce hacia la victoria o hacia la muerte, pero haciendo caso a su otra mitad noble (Alkaios), decide guiarle con buenas intenciones y rechazar el trato de Ares.
Cadmo ayuda al rey espartano, dándole sus mejores consejos y acompañándolo en batalla, guiando todos sus movimientos. Pero estos acabarán jugándole una mala pasada, pues intentando ayudarle, Cadmo se acaba equivocando y por ello, el joven rey de Esparta, muere en combate.
Esto culminó con la conciencia de Cadmo, quien desde entonces comprendió que llevaría eternamente el sello de la muerte, pero lamentando por encima de todo tener que compartir tal castigo con su mejor amigo, inocente.

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